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Ni te imaginabas hasta qué punto las pantallas afectan a tu hijo

Te has parado a pensar en los efectos de las nuevas tecnologías en nuestros hijos? Y te hablo de ir más allá de lo que les pueden afectar las ondas electromagnéticas y las ondas wi-fi o lo que daña a los ojos ver una pantalla de cerca como la de un móvil o tablet o incluso durante mucho tiempo en un ordenador o la televisión.

A mi me ha preocupado desde siempre, pero nunca me imaginé hasta qué punto podía llegar a afectar en el desarrollo como ser humano de nuestros hijos.

Por eso te presento un resumen de una charla impresionante sobre esto que ha realizado un experto desarrollador de APPs (si, aunque se tire algunas piedras a su tejado, es consciente del daño que ocasionan las nuevas tecnologías a nuestros hijos y quiere compartirlo contigo).

Te transcribo el resumen de la charla:

El pasado viernes 25 de Mayo tuvo lugar un seminario impartido por Klaus Esser, maestro de la Escuela Waldorf de Sant Cugat, El Til-ler.

El seminario era sobre cómo afectaban las pantallas digitales a los niños, en concreto era un “Taller sobre los efectos de las nuevas tecnologías”.

Klaus empezó hablando del “Yo como identidad” y todo lo que le envuelve:

-La Libertad,

-Concentración,

-Sentir,

-Voluntad,

-Memoria (Recordar)

-Capacidad social,

-Altruismo moral,

-Ritmo del Yo

– Integración

-Aprender,

-Estar en el Ahora y,

-Consciencia.

Explicó que el yo se nutre de todo eso y cómo el mirar la información a través de las pantallas afectaba a nuestro yo.

El sentir que proviene de una experiencia virtual es un sentir vacío porque en realidad no es una experiencia real y el cerebro no crea conexiones duraderas entre las neuronas, por lo que se olvida mucho más fácilmente.

Sobre la objetividad y subjetividad de las cosas, recalcó que cada uno tiene su percepción subjetiva sobre qué le parecen las cosas, pero hay percepciones que pasan a ser objetivas, que todo el mundo las suele ver de la misma forma. Esa conexión con el sentir global de los demás se pierde y todo pasa a ser subjetivo.

Sobre la Voluntad, comentó que las personas dejan de tomar acciones en el mundo real. Eso es porque viendo una pantalla, no te obliga a que tomes acción. Puedes ver una película de terror o de violencia y vas a permanecer sentado en el sofá, pase lo que pasé. Se entrena a la mente a que pese a las emociones percibidas, no hay que tomar acción, porque no está en nuestra mano cambiar las cosas. Eso puede provocar a que vayamos por la calle y no prestemos ayuda a quién lo necesite porque ya hemos sentido algo antes y luego no hemos hecho nada. Nos desconecta de nosotros y los demás.

Sobre la memoria, somos lo que vivimos y recordamos. Adaptamos nuestra forma de ver las cosas según nuestra experiencia que depende de la memoria. Si “vivimos” experiencias” virtuales a través de las pantallas, luego no sabemos qué es real y que no. Qué somos y que no.

Sobre la capacidad Social, las redes sociales conllevan a que los jóvenes se relacionen virtualmente y les genere una sensación de vacío, ya que en realidad no han estado con nadie, han recibido sensaciones de poca calidad porque no provienen de una interacción personal física con ninguna otra persona.

Un estudio reveló que los jóvenes preferían mucho más a las relaciones personales físicas (los amigos de toda la vida), antes que las relaciones a través de redes sociales. Pero la interacción a través de una pantalla se vuelve adictiva y aunque los jóvenes saben que no les acaba de llenar, siguen interactuando a través de pantallas.

Con el altruismo moral, los padres tienen que dar ejemplo con el uso de la nuevas tecnologías. No puede ser que se le permita el acceso a una pantalla durante solo 5 minutos al niño, cuando los padres están todo el día con el móvil en la mano. Aquí hay que aplicar la coherencia y predicar con el ejemplo. Los niños aprenden a través de la imitación.

Sobre el aprendizaje, se dijo que los niños olvidan muy rápido los conocimientos adquiridos a través de una pantalla. Las conexiones neuronales se pierden mucho antes. A través de un estudio, se olvidaba el 70% de lo aprendido en 21 días.

Sobre la concentración, se dijo que las fases del sueño cambian, sobre todo si se mira la pantalla poco antes de ir a dormir. Los ciclos del sueño cambian y el descanso no es tan reparador.

Sobre estar en el ahora, queda claro que mientras se está mirando una pantalla no se está con nosotros mismos. Se están imaginando cosas, proyectando ideas hacía el pasado o el futuro, pero no se está en el aquí y ahora. Recomendaba meditar para paliar los efectos.

Recomendaba el libro “Demencia digital” que aunque no sigue una pedagogía Waldorf, si ofrece una clara perspectiva de los repercusiones sobre las personas.

Después de su exposición, me quedó una sensación de inquietud sobre hacia dónde íbamos con las nuevas tecnologías. Estaba claro que las personas son menos ellas mismas, mientras están usando una pantalla y después de usarlas.

Entonces, ¿Dónde nos lleva esto? ¿Nos vamos a convertir en personas aún más fáciles de manipular?¿Más ovejas en un mundo ya lleno?

Pero la consciencia sobre eso, permite que muchos (los que lo deseen) puedan liberarse.

Eso puede conllevar en un futuro no muy lejano a dos tipos de clase “espiritual” aquellas personas que mediten y sean conscientes de la permanencia en el yo para ser capaces de estar siempre en nuestro pleno potencial para el momento dado, los “Conscientes” me gustaría llamarlos.

Y los que no paran un momento en su vida, apremiados por las prisas, por el hacer y correr sin ir a ninguna parte. Sin concederse tiempo para pensar un poco y evaluar si lo que hacen es lo que quieren hacer o por el contrario deberían de cambiar algo. A estas personas, las pantallas les ofrece un refugio porque les permite “escapar” de sus sensaciones que no les acaban de llenar a su “Yo”.

Las pantallas se convertirán en una adicción para todos aquellos que no deseen replantarse si sus acciones les llevan a donde realmente quieren.

Todo esto facilitado por un mundo donde el uso de la realidad virtual empieza a ser una tendencia muy fuerte. A esta clase “espiritual” me gustaría llamarlos los “zombies”.

No estoy en contra de las nuevas tecnologías, de hecho vivo de ellas. Pero sí que debemos hacer un uso mucho más consciente del que hace la mayoría. No hay que prescindir de sus ventajas, pero tampoco hacer uso cuando no nos aporta ningún valor real.

¿Y tú a qué clase “espiritual” perteneces?

Soy Jordi Martín, un aprendiz de la enseñanzas de Rudolf Steiner. Aún después de este post, creo que las apps para móvil pueden servir para llevar tu mensaje a muchas personas, puedes aportar tu valor a través de ellas, de forma que accedes a otras personas mucho más rápido y de forma más eficaz, es por ello que puedes encontrarme en http://www.expertoenaso.com

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