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Qué hacer cuando tu bebé dice que NO a todo

rabieta

Fuente: pequebebes.com

Cuando un bebé empieza a hablar pero aún no es capaz de razonar como un adulto, puede que en determinados momentos nos diga que no a todo lo que le proponemos o pedimos.

No quiere que le cambiemos el pañal, se niega a comer, no quiere dejar ningún juguete a otro niño, no quiere salir cuando resulta que tenemos más prisa, etc.

Hasta hay quien le ha puesto un nombre a esta etapa evolutiva de los bebés: “la edad del no”. Simplemente está poniendo a prueba su personalidad y se sentirá como alguien independiente y diferente a ti.

Si no se controlan bien estos momentos, estas situaciones pueden derivar a llanto, desesperación y descontrol por parte de tu bebé (los berrinches y las rabietas) y esto seguro que te disgusta y te pone nervios@.

Tal vez nos preguntemos:

¿Estamos perdiendo nuestra autoridad?

¿Nos está tomando el pelo?

Pero realmente deberíamos preguntarnos:

¿En qué momentos sucede esto?

¿Cómo podemos evitar estas situaciones?

En este artículo voy a tratar estas dudas que nos surgen a muchos padres, basadas en los libros que he leído, mi experiencia con nuestro hijo y lo que he visto en otros niños en el parque.

 

Analicemos lo que sucede

Voy a relatar 2 posibles situaciones en las que el “NO” llega al extremo:

A)    Nuestro hijo, al poco rato de empezar a cenar nos dice que no quiere más y que se quiere bajar al suelo. Le decimos que debe comer un poco más, que apenas ha comido algo, pero sigue diciendo que no. Nos parece que cedemos un poco para no obligarle tanto a comer y le ofrecemos postre, pero sigue diciendo que no quiere. Entonces, le ofrecemos la fruta que siempre sabemos que le encanta pero sigue diciendo que no. Empezamos a insistir y él cada vez se niega más, se enfada y tal vez tira la cuchara o el juguete que tenía en la mano al suelo. Entonces, nos molestamos y le decimos que “esto no se hace”.

B)     En otra situación, notamos que nuestro hijo necesita un cambio de pañales, le decimos que lo vamos a coger para cambiarle, y empieza a correr y a decir que no. Nosotros insistimos más, y él se niega cada vez más. Finalmente lo cogemos, le intentamos decir que lo debemos cambiar porque se ha hecho caca y se revuelve y enfada cada vez más. Hasta el punto en que tal vez nos empuja, o nos golpea, y entonces nos molestamos y le decimos que “esto no se hace”.

¿Qué ha pasado? Si normalmente cena bien, o se deja cambiar el pañal con calma, ¿cómo es que ahora se niega en rotundo a hacer lo mismo, y hasta tira cosas al suelo o nos golpea?

Vamos a tratar de ver lo que podemos hacer en estos casos:

1º)   Entender por qué pasa esto.

2º)   Controlar la situación como adultos que somos.

3º)   Aprender a manejar estas situaciones.

4º)   Preparar el terreno para evitar o minimizar que vuelva a suceder.

 

Primero debemos entender por qué dice que NO y se puede desencadenar en una rabieta

rabieta bebeEsto sucede, en primer lugar, porque nuestro hijo se está reafirmando como persona independiente a tí. Entonces, cuando no aceptamos este NO, él no sabe expresar su malestar, o dicho de otra forma, expresa su malestar de forma descontrolada, sin un sentido lógico como el que entendemos los adultos.

Normalmente, estas situaciones suceden a partir de los 18 meses, cuando su cerebro aún se está formando y carece de la capacidad de razonar.

Como dice Rosa Jové, psicopediatra reconocida y autora de numerosos libros sobre crianza, es una cuestión de capacidad. Su cerebro aún no le permite razonar como lo hacemos los adultos. Es como si le pidiéramos a un bebé de 3 meses que andara. Simplemente es imposible porque aún no tiene la capacidad.

Pero como es algo que a menudo es malinterpretado por nosotros, los adultos, como si nuestro bebé nos retara, o perdiéramos nuestra autoridad sobre él, o como si saliera su lado egoísta, he decidido plantear qué podemos hacer cuando nuestro bebé dice que no a todo.

Situaciones más habituales en las que un niño pequeño se enfada y dice que no a todo lo que le planteas:

a) Se siente frustrado por no poder expresar o hacer algo en concreto:

Como he comentado anteriormente, a esta edad aún no es capaz de razonar ni tampoco de controlar sus emociones, porque su cerebro aún es muy “primitivo” (llamado así porque el cerebro que tiene completamente formado es el límbico, el que tienen los animales más primitivos).

b) Está muy cansado:

Entonces no es capaz de autocontrolarse y autocalmarse por el mismo motivo. Incluso conozco algunos adultos que cuando tienen hambre o sueño, son intratables (tal vez, si lo piensas bien, recuerdas también a alguien).

c) Se siente inseguro en un entorno nuevo:

Si está con personas nuevas o poco conocidas, o en un ambiente que no le resulta familiar, puede que muestre su inseguridad negando todo lo que le decimos o pedimos, como una muestra de “autodefensa”, podríamos decir.

d) Pide nuestra atención desesperadamente:

Si llevamos tiempo sin estar con él, o estando allí no le hemos prestado atención cuando nos hablaba porque estábamos hablando por el móvil, puede que no sepa cómo decirnos que nos echa de menos y quiere jugar con nosotros.

e) Está emocionado con algo nuevo, y resulta que le decimos que lo deje:

Por ejemplo, acaban de llegar sus abuelos pero es la hora de ir a la cama y le decimos que les dé un beso de buenas noches, o acaba de llegar un niño en el parque con un camión chulísimo el cual no deja de mirarlo, pero le decimos que nos debemos ir. Si nosotros no vemos esta situación, él es difícil que nos lo diga, porque es menos capaz de comunicárnoslo.

f) Está empezando a formar su personalidad:

Y está afianzando que es independiente de tí, de tus decisiones y de tu actitud.

 

Después debemos controlar la situación como adultos que somos

Entonces, una vez vistas las razones más habituales por las que sucede, está claro que nuestro hijo no tiene la culpa, y que además no es capaz de controlar su actitud y respondernos de otra forma.

Así que, en estas situaciones, nosotros somos las únicas personas que podemos razonar y, en definitiva, comportarnos como adultos.

Muchas veces, nuestro estado de nervios en un momento puntual, nuestras prisas, o nuestro desconocimiento de la situación que vive nuestro hijo, nos hace actuar de forma autoritaria sin miramientos, sin empatizar con él.

Ésto, lo único que hace es agravar la situación, multiplicar su estado de nervios y que nuestro hijo se ponga al límite (y golpee, llore, chille o tire las cosas al suelo…). En estos momentos, se hace más difícil de controlar y calmar. Y también nos altera aún más a nosotros.

Si hacemos cosas como obligarle a hacer lo que le decimos, ignorarle o incluso alejarnos de él “hasta que se le pase”, lo que le enseñamos es que no respetamos sus peticiones en momentos en que él está mal, y lo peor de todo, que no puede contar con nosotros para entender qué le pasa y aprender a gestionar sus emociones.

En estas situaciones, está claro que los que podemos comportarnos como adultos para controlar la situación hemos perdido el control.

Cómo manejar estas situaciones

Ahora, visto todo lo anterior, ¿cómo llevamos nuestras buenas intenciones a la práctica?

bebe calmado por mamaEl otro día, en una tienda, vi una actitud incomprensible de unos padres con su hijo de entre 2 y 3 años que estaba desesperado, llorando, llamando a mamá y queriendo abrazarla. Sus padres lo alejaban e intentaban razonar con él… ¡en este estado de nervios!  Evidentemente fue imposible, y finalmente, después de mucho estira y afloja, la madre cogió al niño y mejoró la situación. Entonces, supongo que era momento de poder hablar con él, ahora podía escuchar a sus padres (y tal vez razonar algo de lo que intentaban explicarle).

En otras ocasiones, pensamos que el dejar en casa aquél camión tan grande que no nos cabe para llevar al parque no tiene tanta importancia. Le mostramos otro camión pequeño para que lo lleve, pero esto puede desencadenar en un lloro desconsolado. ¿Es para tanto? Bueno, pues está claro que para tu hijo sí.

¿Y qué podemos hacer ante estas situaciones?

1)    Mostrarle empatía y comprensión.

En definitiva, ponernos en su piel, pensando en cuál es el motivo de su malestar y negatividad.

2)   Atenderlo plenamente unos minutos, dejando todo lo que estás haciendo.

Durante este tiempo (tal vez con 1 minuto ya se calma, tal vez necesita 5, depende), no insistas en lo que le decías antes, e incluso pídele un abrazo o muéstrale una sonrisa mirándolo a los ojos.

Si sigue sin calmarse, cógelo en brazos y aléjalo un poco de la situación y háblale con calma y ternura de algo que veas en la calle, o de un juguete que hay cerca.

Tómatelo con calma. No puedes evitar que tu hijo llore, pero sí que llore solo.

Luego, cuando está calmado, podemos probar de volverle a pedir lo que queríamos. Depende de lo que fuera (salir de casa, dejar el mega-camión antes de ir al parque, cambiarle el pañal) funciona. Pruébalo, de verdad. Funciona. Si a lo mejor era irse a dormir cuando ha llegado su papá o sus abuelos, deberás dejarle un rato más, aunque será bueno pedirles a los adultos que no lo alteren mucho ;-).

3)   Disculparte con las personas que están a tu alrededor y…

… Y si es posible, frenar los malos comentarios de familiares, amigos o incluso desconocidos. A veces basta con que hagan una mala mirada o digan algo como “mira que está malcriado”, “qué niño más malo” o “vaya genio que tiene, os va a ser difícil controlarlo”, como si se tratara de un animal salvaje. Y en cierto modo, su cerebro aún es más cercano al de un animal salvaje que al nuestro.

Todo esto nos pone nerviosos a nosotros, y lo percibe nuestro hijo, dejándole una profunda huella de que es un niño malo.

Por último, debemos preparar el terreno para evitar o minimizar la siguiente situación

En cierta medida, e incluso en esta sociedad llena de prisas, se pueden evitar muchas de estas situaciones. ¿Cómo?

A)    Evita las prisas.

Por ejemplo, si antes de tener a tu hijo, ir a comprar te suponía una media hora, ahora, con él, puede suponerte 1h y media. Es así, mejor que calcules mucho más tiempo del habitual para ir con más calma, e intentar no transmitirle prisas a tu hijo, no solo porque no es sano para él sino porque entonces aún estará más negativo. Con ingenio, puedes combinarte para conseguirlo 😉

B)   Respeta sus tiempos de sueño, de comida, y de juego.

Es decir, si acostumbra a ir a dormir a una hora en concreto, no quedes poco antes con las visitas o quieras darle de comer poco antes, porque puede ponerse muy nervioso.

C)   Disfruta con él.

Jugad juntos, háblale, canta junto a él y anímale a seguirte, pon la radio y bailad. Todo esto te conectará con él, y la conexión es mano de santo para evitar cualquier problema.

 D)   Valorad vuestras normas.

Analizad las normas que consideráis inamovibles (esto es un trabajo conjunto, de ambos progenitores). Para las demás, tened en cuenta la situación en la que está vuestro bebé (como te he indicado antes) y valorad si es tan importante hacer o dejar de hacer lo que le habéis pedido.

Yo estoy de acuerdo con lo que dicen algunos especialistas con empatía: las normas son inamovibles solamente en 3 situaciones:

–    Se debe repetar la seguridad y la salud de tu bebé.

–    Se debe respetar la seguridad y la salud de otras personas.

–    Se debe respetar el entorno.

Para mí, todo lo demás es relativo. Pueden ser caprichos nuestros, o creencias que tenemos inculcadas y no hemos analizado conscientemente.

Si la alimentación es importante para vosotros y no queréis que coma patatas fritas, lo primero que debéis tener en cuenta es no comer vosotros patatas fritas (evidente, ¿no?…). Pero lo segundo es que siempre que se dé la ocasión de tener patatas fritas delante, canalicéis la situación de forma que le comunicáis que no debe comer patatas fritas.

Esto si, debes comunicarle con un lenguaje sencillo, porqué consideras importante que no coma patatas fritas (claro, si tú comes, le será mucho más difícil entender que no son buenas si su madre/padre las come…).

Si has leído hasta aquí supongo que es porque te ha gustado el post 😉 Así que compártelo en tus redes sociales y suscríbete al blog para recibir más temas relacionados con la maternidad y la crianza. Ah, y te agradeceremos que añadas cualquier experiencia que hayas tenido sobre esto y cómo lo has resuelto.

Un abrazo.

crianza natural

 

8 comentarios

  1. Ana Martinez.
    01/08/2016

    Me encanto tu post! Actualmente tengo una nena de 16 meses, y su palabra favorita es NO. Para todo la dice, jaja, a veces es muy gracioso y en algunas otras ocasiones, es un poco frustrante.
    He aprendido mucho de los consejos que diste, muchas gracias por la info.
    Ahora a leer el ebook! 😀

    Besos!

    Responder
  2. donelys
    15/07/2016

    excelente tema,muchas gracias por la ayuda

    Responder
  3. Cindy
    27/04/2016

    Muy interesante, en estos momentos mi niña de 2 años esta en esta etapa, muerde hasta le pega a los demas niños ya no se que mas hacer, ambos hemos intentado por las buenas hablandole pero no a funcionado, ya esta en la guarderia y es muy dificil para mi avece por q trabajo…..

    Responder
  4. claudia Romero
    24/01/2016

    Mi niña de dos años y medio dice NO cuando ve un plato de comida distinto al habitual, solo come pastina y plantano. Lo q hago es picar muy pequeño el pollo y la carne y lo tapo con la pastina y yo le doy la comida. La distraigo con el tv y abre la boca come y no me dice nada si se da cuenta no come mas q puedo hacer alguna otra idea

    Responder

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